Lo dice la Biblia: "Me seduciste y me dejé seducir". Lo que debería confirmar que la seducción no es una "mala arte", un artificio para un engaño, sino una "bella arte", una especie de juego, de requiebro, en el que ofrecemos lo mejor de nosotros mismos, bien sea real o imaginario. Es posible que el sujeto que seduce sea más imaginario que real; que de tanto retoques que tiene devenga en una imagen casi irreconocible Esto es, sin duda, un problema; no obstante el sujeto seducido debe tratar de discernir, ver y distinguir lo que hay de real y lo que hay de ganga. Es él, quien en definitiva, acepta o rechaza el juego.
Hay seducciones que parece prefabricadas, destinadas a un objeto o fin determinado: la del político, la de las campañas comerciales. Un buen seductor conoce sus armas, las emplea certeramente, oculta lo que deba ocultar y "vende" su mejor imagen, la postura más idónea para el fin que pretende.
Existen diversas formas de seducir, entre ellas la palabra tiene una especial importancia. Es más directa, no lo deja todo en el aire como puede ser una imagen, un signo o un símbolo. La palabra trata de establecer un puente, se lanza como una cuerda que quiere colarse en una ventana de un alto castillo, trata de llamar la atención, de decir: "oye que estoy aquí, y tengo un mensaje que ofrecerte"
La palabra busca enganchar, suscitar una emoción, un interés o curiosidad, abre un camino, desbroza un sendero, invita a seguir a su interlocutor, el hacedor de palabras deviene en una especie de mago , trata de "encantar" con su mensaje, convertir a aquel que escucha, en oyente.
De alguna manera nos movemos por seducciones, nos dirigimos allí donde escuchamos un lenguaje "interesante", con el tiempo aprendemos a distinguir los ecos de las voces como diría Machado. A navegar sin escuchar los cantos de sirena. Cuando "lanzamos" la palabra se abre la partida, se inicia el juego, la palabra puede ser ignorada o mal interpretada, pero puede que haga efecto, Pero hablamos de arte, y claro un arte no se domina de un día para otro, requiere una labor paciente de depurar la técnica, sin que sea esto suficiente. Como dirIan los taoistas el verdadero arte es la forma "natural" de hacer las cosas. Pero esto que parece tan obvio no lo es.
Seguiremos, a vueltas con la seducción.














