jueves, 3 de diciembre de 2015

Caricia



la caricia es como el ténue sol de otoño, calienta suavemente, sin quemar, sin abrasar. La caricia desvela la ternura, no se impone, no agarra, no coje, no se apropia, no aprieta,  Respeta el tu, tiende un puente hacia el.

Con la caricia abrimos nuestras defensas, alzamos la bandera blanca, no salimos con afán de conquista, sino, casi medrosos, nos arriesgamos a descubrir otro cuerpo, otras mejllas, otra piel. Con la caricia salimos del ensimismamiento, dejamos las soledades del yo encerrado en su dura corteza, tras su máscara, y nos fundimos en el abrazo, en esa complementariedad que nos da alas.

Es relativamente sencillo hacer el amor, sin embargo es difícil hacer la caricia. Requiere tiempo, dedicación, respeto, admiración. La caricia debe estar unida al amor, sino éste queda como un acto de posesión, de conquista, de apropiación de otro ser-tu reducido a un cuerpo de deseo. Al acariciar abrimos una puerta, miramos detra del telón, nos fascinamos en ese contacto con el tu que está tan próximo, como si la piel ya no fuera una frontera.

Hay muchos tipos de caricias, e incluso hay muchas caricias que ni siquiera requieren un contacto físico. La caricia es como el espíritu que sopla donde quiere, su suave brisa calienta los dias frios y nos hace soñar, nos centra en el objeto y nos olvidamos en el tiempo,  que se diluye lentamente en el abrazo infinito donde ya ni recordamos  nuestras incertidumbres.


martes, 1 de diciembre de 2015

Asombro

Puesta de sol desde el espacio
Alcanzamos diciembre; la nave del tiempo, la que discurre a través de los dias, de sus luces y sombras, arriba al último mes del año. Despunta diciembre y las luces de las fiestas navideñas parecen ya reclamándonos desde esa distancia cada vez más corta.

En la Iglesia católica se inicia el Año Litúrgico, el Adviento. Antes, en la sociedad no secularizada, este tiempo se vivía con una especial intensidad como tiempo de preparación, de expectativa, de esperanza hacia esa eclosión que significaba la Navidad.

Ahora, tal vez, embutidos en los ecos del Black Friday, los bombardeos de anuncios, las elecciones... todo parece estar como diluido, habiéndose perdido ese sentido de tensión, de espera, de expectativa ante la irrupción de Dios en la historia. "La Navidad es un regalo", (slogan comercial) y esa sentencia pesa como una losa en nuestra cosmovisión.

Sin embargo el tiempo de adviento sigue estando ahí, como un manantial de sugerencias al que podemos seguir asomándonos aunque hubiésemos perdido la inocencia. El tiempo tiene su densidad que en el fondo sigue latiendo aunque ahogada debajo de muchos sonidos, ensordecida por la inmediatez, por las urgencias, por el ruido que sólo pretende llenar, a veces, un profundo vacío.

Es bueno recuperar palabras que llenen este tiempo de espera, sea lo que sea lo que esperemos. Y la primera que he escuchado y que me parece relevante es esta de "asombro".

El asombro nos permite asomarnos, como si fuera la primera vez, a la arquitectura íntima de las cosas, al hecho de estar vivos, en medio de un mundo que relativamente funciona y que es hermoso. El asombro no sabe aún, no tiene respuesta, ni juicio, no establece categorías ni clasifica. Debería ser el motor primero, el principio de todas las cosas. Sin asombro no hay filosofía, ni ciencia, ni pensamiento. El asombro nos pone en movimiento, nos saca de nuestro ensimismamiento y nos impulsa a buscar.

Tal vez un dia sin asombro sea un dia definitivamente anodino, un dia que acaba siendo réplica de un dia anterior, y de otro y otro.... sin asombro no esperamos nada en el futuro, pues ya sabemos de antemano cómo va a ser. 

El asombro lleva al descubrimiento, los grandes y los pequeños hallazgos que ocurren cuando estamos verdaderamente abiertos a lo inesperado. Hay que reconocer que pocos dedican o dedicamos al menos un minuto al asombro. Centrados en nuestra vida, somos igual que los que se meten en el autobús y sin reparar en lo que pasa a su lado se embuten en su móvil, en esa pequeña pantalla que le impide la posibilidad de mirar a su alrededor... y descubrir, tal vez por sorpresa algo que por un momento les haga caer en el asombro.