jueves, 3 de diciembre de 2015

Caricia



la caricia es como el ténue sol de otoño, calienta suavemente, sin quemar, sin abrasar. La caricia desvela la ternura, no se impone, no agarra, no coje, no se apropia, no aprieta,  Respeta el tu, tiende un puente hacia el.

Con la caricia abrimos nuestras defensas, alzamos la bandera blanca, no salimos con afán de conquista, sino, casi medrosos, nos arriesgamos a descubrir otro cuerpo, otras mejllas, otra piel. Con la caricia salimos del ensimismamiento, dejamos las soledades del yo encerrado en su dura corteza, tras su máscara, y nos fundimos en el abrazo, en esa complementariedad que nos da alas.

Es relativamente sencillo hacer el amor, sin embargo es difícil hacer la caricia. Requiere tiempo, dedicación, respeto, admiración. La caricia debe estar unida al amor, sino éste queda como un acto de posesión, de conquista, de apropiación de otro ser-tu reducido a un cuerpo de deseo. Al acariciar abrimos una puerta, miramos detra del telón, nos fascinamos en ese contacto con el tu que está tan próximo, como si la piel ya no fuera una frontera.

Hay muchos tipos de caricias, e incluso hay muchas caricias que ni siquiera requieren un contacto físico. La caricia es como el espíritu que sopla donde quiere, su suave brisa calienta los dias frios y nos hace soñar, nos centra en el objeto y nos olvidamos en el tiempo,  que se diluye lentamente en el abrazo infinito donde ya ni recordamos  nuestras incertidumbres.


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