Los aconteceres rompen la calman, mudan la serenidad y los dias tornan colores a veces sombrios. La horas se convulsan, giran como un toberllino y pareces que andas así, como dando vueltas sin encontrar un centro.
Sin embargo siempre se está en la ocasión de recuperar el pulso, de aminorar el vértigo, de volver a amaestrar al tigre que ruge en la selva.
Lo esencial no es señalar culpables, todos de alguna manera somos víctimas. Todo pasa, nada permanece, todo se derrumba y todo vuelve a nacer. Nada nos pertenece, solo este incierto minuto que llamamos ahora, pero es bastante, con tal que ,lo acunemos, lo cuidemos y le dejemos un dia tambien volar.
A veces vemos un muro delante nuestra como cortando el camino, e intentamos inúltilmente escalarlo como si tuviéramos por necesidad que seguir adelante. Tal vez nos vemos que el muro nos está indicando que allí ya no hay camino y que necesitamos dar un rodeo, buscar un hueco, una fisura y caminar hacia otro lado.
Todo es cuestión de tiempo,
y ahora va siendo tiempo de volver a tomar las palabras.